




Pegaso está en pleno vuelo. Las alas se despliegan con una precisión rara y una delicadeza que define cada pluma, tallada con una sutileza que realza la percepción del cuerpo elevándose, en su dinamismo fluido — una ligereza que se refleja en la materia. El momento en que esta criatura mágica y mítica se eleva hacia el cielo: contenida aquí, para siempre.
El anillo LUXOR sella este instante. El bronce macizo bañado en oro de 18 quilates — el peso completo, el bisel redondo y sólido, la banda que cierra con autoridad — da cuerpo y sustancia a la ligereza del vuelo. La vivacidad del caballo y la capacidad de surcar el aire, fijadas en una joya que pesa, que cuenta, que quiere ser la esencia del símbolo y de las emociones que despierta.
El azul celeste es el vuelo a través del firmamento — aire abierto, horizonte infinito, fresco y luminoso. La fuerza del caballo y la libertad de las alas siempre encontrando más espacio más allá. El negro concentra todo: Pegaso se vuelve íntimo y protegido, envuelto en el cielo nocturno — y el oro lo abraza, sofisticado. La perla es el éter — las estrellas, la luz suspendida que acompaña el vuelo: la iridiscencia enciende ciertas partes del tallado y despierta la emoción de un espacio soñado, donde el caballo parece volar. El rosa es el amanecer — caricia, pasión despojada de frenesí, calma e intensa a la vez. Contra el oro cálido, dos atmósferas que se encuentran.
Esta joya contiene la sustancia de la materia terrenal y de los sueños por realizar — libera el pensamiento y sabe cómo guiarlo, un viaje más allá de todo límite celestial.
Notas importantes
Los colores de las joyas en la foto pueden parecer diferentes a los originales. Esto depende de la resolución. Cada pieza está hecha a mano y tiene características únicas.Deja que tu espíritu vuele libre.
El mito cuenta la historia del joven Hipponous, hijo de Glauco, rey de Corinto, quien logró capturar al caballo alado Pegaso, nacido de la sangre que brotó de la cabeza de Medusa, asesinada por Perseo. Con la ayuda de Atenea-Minerva, que le entregó un freno de oro, pudo dominarlo. Un día, durante una cacería, mató accidentalmente a su hermano y tomó el nombre de Belerofonte, asesino de Bellero. Para expiar su culpa, se fue y fue huésped del rey Proteo y la reina Antea, quien se enamoró de él, obligándolo a partir. Fue enviado con un mensaje secreto pidiendo al rey Iobates que matara a Belerofonte, pero el rey decidió en cambio que enfrentara a la Quimera, un monstruo con cabeza de león en Licia. Logró matarla y, orgulloso de su éxito, intentó escalar el Olimpo. Júpiter castigó su imprudencia haciendo que Pegaso fuera picado por un tábanos, derribando a Belerofonte. Pegaso continuó ascendiendo en el cielo hasta convertirse en una constelación. Representación adaptada del antiguo mosaico del Museo Arqueológico de Rodas. Por Luigi Pilcher.
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