




Esta es una talla pura: un animal grabado por alguien hace siglos por amor a la forma, a la fuerza, al significado y a la belleza en sí misma. El toro es la encarnación de una divinidad grecorromana, un símbolo que atraviesa civilizaciones. Como anticuarios, habíamos tenido tantas veces la oportunidad de observar estos objetos de cerca, y por eso decidimos devolverles la vida con los materiales que explorábamos para nuestras creaciones: resinas, yesos, innumerables otras sustancias que estudiamos para lograr tonos vibrantes, vivos y llenos, y bronce, trabajado con la complejidad de los mejores orfebres, el mismo oficio detrás de las esculturas que han atravesado los siglos. Queríamos rendir homenaje al encanto del objeto antiguo, a esa pátina del tiempo que alguien guardó y nos legó, mientras restaurábamos los colores de su origen, los de las estatuas clásicas, que a menudo eran policromadas, llenas de vida, y que ahora vemos tan a menudo completamente blancas en museos o colecciones privadas. Así fue como esta joya tomó forma. La imaginamos puesta, y un día, desde el escaparate, alguien la eligió. En ese momento el toro cobró verdadera vida: su energía pasó a quien la llevaba, y quien la llevaba la reavivó.
El anillo es ligero, apenas unos gramos, pero tiene una presencia inmediata y dominante. El intaglio muestra un toro en pleno movimiento: patas, cuerpo, cabeza, todo surge de toques precisos y delicados. La figura respira dentro del marco ovalado, con todo el espacio que necesita, y de esa libertad nace toda la agilidad del animal. Fluido y exacto a la vez: con las marcas más sutiles emerge una criatura cargada de fuerza. El toro no pertenece a ninguna época. Lo reconocemos al instante, lo sentimos antes incluso de mirar de cerca: ha vivido en nuestra imaginación desde siempre. Sin embargo, aquí revela algo completamente nuevo: un tema clásico se encuentra con un material contemporáneo, y el resultado es algo que resuena hoy.
La ligereza del material lo realza: un metacrilato tan suave, con colores tan saturados, captura perfectamente la vitalidad del motivo. En cada combinación del color del intaglio y el óvalo de bronce bañado en oro que lo rodea, cada cambio en el relieve cuenta su propia historia. Las bases naranja, negra y blanca son plenas y absolutas, con una densidad que armoniza con la esencia del camafeo. Cada combinación crea nuevas historias: rojo, verde, blanco y negro son colores que hablan al corazón de esta talla. Recuerdan la naturaleza, la sombra, la luz, el bosque, la vitalidad que recorre todo ser vivo. Solo observa cómo interactúan para encontrar la armonía que más te representa. Una pieza intensamente moderna, cargada de energía revitalizante, gracias a las armonías de color y a la historia que intuimos detrás.
Notas importantes
Los colores de las joyas en la foto pueden parecer diferentes a los originales. Esto depende de la resolución. Cada pieza está hecha a mano y tiene características únicas.Abraza tu fuerza salvaje.
Baco era hijo de Júpiter y de Semele, hija del rey de Tebas, ciudad en la que se dice que nació. Era el dios de la alegría, el vino y la diversión; y los poetas no escatimaron en sus alabanzas hacia él: en todas las ocasiones de júbilo y regocijo, invocaban constantemente su presencia y le agradecían por las bendiciones que otorgaba. A él le atribuían el olvido de las preocupaciones y los placeres de la interacción social. Se le describe como un joven de figura rolliza, desnudo, con rostro sonrosado y un aire afeminado; lleva una corona de hiedra y hojas de vid, y en la mano sostiene un tálamo, o jabalina con cabeza de hierro, rodeada de hiedra y hojas de vid. Su carro a veces es tirado por leones, otras por tigres, leopardos o panteras, y está rodeado por una banda de sátiros, bacantes y ninfas. Las mujeres que lo acompañaban como sus sacerdotisas se llamaban ménades, por su locura; tiades, por su ímpetu; bacantes, por su depravación desenfrenada; y mimallones o mimallonides, por imitar a sus líderes.
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